Sabiá
23-23,5 cm. Dorsalmente pardo algo oliváceo. Garganta blanquecina con estrías negruzcas. Pecho y flancos gris ocráceo. Resto ventral blanco opaco. Pico amarillo en el macho, negruzco en la hembra y juveniles.
Habita bosques nativos y artificiales, parques, áreas rurales, suburbanas y urbanas. Ocupa también espacios abiertos de pradera vecinos a bosques, bordes de bañados y áreas agrícolas. Está presente en todo el país.
Solitario, en parejas o pequeños grupos. Es bastante arisco. Posa de modo erecto, dejando caer las alas, cuyas puntas casi tocan el suelo o la rama. En esa pose, realiza reiteradamente un balanceo arriba y debajo de la cola, a la vez que emite una corta llamada de contacto o alerta “buip”, a veces en series al verse más alarmado.
Consume invertebrados, semillas, brotes, flores y, muy destacadamente, frutos de diversos árboles y arbustos, nativos y exóticos.
Anida en árboles o arbustos. El nido es una taza de fuerte estructura, construida con ramillas finas, musgos, líquenes, hojas de gramíneas, helechos y barro, asentada en ramas gruesas u horquetas, bien protegida por el ramaje.
Tiene voces variadas, desde cortas llamadas de contacto al desplazarse en árboles, pasando por cacareos, silbos, “maullidos”, además de su conocido y melodioso canto, que puede sostener por horas en la primavera. Su canto primaveral y veraniego es algo similar al del “zorzal común” pero más variado y suave. En invierno emite en ocasiones un chillido lastimero, que se oye como “chij”.
El canto está compuesto de frases más cortas que las del zorzal común, que duran en promedio unos 3,8s, aunque con extremos entre 0,9 y 6,5s, y que se emiten con un espaciado también menor (1,5s en promedio) y variable entre 0,6 y 2,6s. Pueden llegar a distinguirse unas 12 notas o figuras diferentes. Las frases están integradas por unas 8 notas, aunque hay algunas series dobles de 16-17 notas, en distintas combinaciones donde, sin embargo, pueden reconocerse algunas secuencias que característicamente se repiten: “tiuví tuví-tuví-tié; “tiovip pirrí-pirré-pirrí”.
Como el “zorzal común”, el sabiá tiene también una vocalización de notas sueltas, espaciadas, que puede extenderse por varios minutos. Las notas son más cortas (0,2-0,3s), aunque el espaciado es similar (0,3-0,5s):
“tierrirri…turrii…friú…tierrirri…fiéfifi…frieei…friárr…friefrie…fríue…tierrirri…frría…
tierrerre...fiurri…friui…frría…fiéfif…fiíía…fiurri…tierrerre…fiorr…tierrirri…frría…
tirrirrirri…fiíía…fiurri…pivué…fiefie…tierrirri…frría…furrí…pivíi”.
En las últimas horas del día suele emitir, aisladamente, regularmente sin reiteración, cadenas de notas, que son como cortas y rápidas descargas de llamadas (duran 2,2s), que parecen última vocalización de alerta antes del reposo nocturno, que se aceleran y crecen en tono e intensidad y luego decrecen y se espacian: “buip…..buip.…buip...buip..buip.buip.buip.bunip.bunip.bunip.bunip.bunip…bunip….bunip”. Asimismo, también al caer el día, algunos individuos emiten otras cadenas de notas repetidas, de tono lastimero, en número de 5 notas o en secuencias de 10 notas, que parecen ya una voz que inicia el descanso: “piee-piee-piee-piee-pii”.
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